viernes, 6 de octubre de 2017

Souvernirs BRMU presenta: La punta del iceberg (27-11-2014)


Como era de esperar, el estreno de la última entrega de la saga Los juegos del hambre, ha arrasado en taquilla. Da un poco igual la valoración crítica que haya recibido, las franquicias que Hollywood pone en marcha últimamente en formato serie para adolescentes, tienen el éxito asegurado (y eso que Los juegos del hambre no sale mal parada en consideración crítica en comparación con otras).

En estos casos la fidelidad o no respecto del original literario siempre es un tema recurrente; pero mucho nos tememos que en cualquier caso no será un título a tener en cuenta en las listas que cada cierto tiempo publica algún medio, sobre las mejores adaptaciones al cine de precedentes literarios.

Durante muchos años, El padrino de Coppola copa el primer puesto en estas listas que tanto juego dan para debates posteriores; pero repasando un poco las difíciles, en ocasiones, relaciones entre cine y literatura se puede encontrar  un poco de todo.

Equivalente a la contundente metáfora de la primera fotografía. Aquí el iceberg reparte méritos de manera más ¿ecuánime? entre cine y literatura

Cierto es, que pocas veces se valora más la adaptación que el libro (ya es un lugar común dárselas de cinéfilo-letraherido pontificando que el libro era mejor) pero algunos casos se han dado. El más significativo tal vez sea el de Orson Welles y La dama de Shangai.

Rita Hayworth con el pelo corto y rubia, la mayor
afrenta de Welles a Hollywood
Según cuentan las crónicas, probablemente con mucho adorno novelesco por parte del propio Welles: estaba hablando por teléfono con el productor que le exigía un proyecto para su nueva producción; y el autor de Ciudadano Kane no tuvo otra idea que coger una novelucha barata que tenía a mano y decirle el título, sin tener ni idea del contenido de la misma. El resto es ya historia del cine: un clásico del cine negro con el que Welles terminó desafiando a la industria al cortarle y teñirle el pelo a la pelirroja más explosiva de Hollywood del momento; la que era por entonces su mujer, Rita Hayworth.

Otro genio del celuloide, que también tenía afición por convertir en fetiches a sus actrices, y jugar con los cambios de tinte de sus cabellos: Alfred Hitchcock, hizo otro tanto con Psicosis, basada en una novela del olvidado Robert Bloch, que el mago del suspense convirtió en una maravilla que abrió la veda para las generaciones posteriores de psicópatas que inundarían las pantallas en las siguientes décadas.

Y viceversa, también ha habido escritores que poco menos que montaron una campaña de descrédito contra la adaptación cinematográfica de su obra. Por citar un ejemplo cercano, los ataques por parte de Antonio Gala a la adaptación que Vicente Aranda  hizo de su best seller La pasión turca en medios escritos y platós televisivos, de poco sirvieron para impedir que la gente fuera al cine atraído por ver a Ana Belén en una historia de amour fou en pleno Estambul.


Tal vez el mayor pecado de una adaptación cinematográfica sea precisamente el ansia por ser fiel. La obsesión por la fidelidad, en este caso, puede llevar al desastre más absoluto, a meras estampas en movimiento de esa parte del iceberg inmensa que es el original literario. Por eso, los cineastas más personales saben hacer suya la obra original; creando otra obra diferente, que ha de gustarnos o disgustarnos por sí misma, no porque se parezca más o menos al texto en el que se inspiró.

Podríamos seguir repasando la fructífera, y a la vez tormentosa, relación entre literatura y cine, pero ya habrá tiempo de hacerlo en más entregas. De momento nos quedamos con un chiste que circula por la red, y que no puede venir más a cuento:

Dos cabras están comiéndose una cinta de vídeo. “¿Te gusta?”, le pregunta una a otra. “En fin… a mí me gustó más el libro”


jueves, 21 de septiembre de 2017

Souvenirs BRMU presenta: Guaridas donde leer al abrigo del mundo (13/12/2013)

Rascacielos en Dubai por encima de las nubes

Antonio Muñoz Molina en su necesario ensayo: Todo lo que era sólido, narra alguna de las reuniones que mantuvo con grandes ejecutivos, buscando financiación para el Instituto Cervantes de Nueva York. Las descripciones que hace de las arquitecturas del poder, resultan de lo más apropiadas para explicarnos (por peregrina que pueda parecer la asociación) el éxito que está teniendo nuestro saloncito vintage:
"La función de una torre moderna de cristal es tan primitiva como la de un templo asirio: conceder sensación de poderío a quien mira desde ella, un poderío mayor cuanto más alto esté; reducir de antemano a la insignificancia y al arrobo al que se acerca a sus puertas"
La arquitectura de nuestra biblioteca no es ni mucho menos intimidante, y sus espacios amplios y luminosos acogen a todo el mundo. Pero sí es cierto, que algunos visitantes no habituados al uso de bibliotecas, se despistan cuando nos visitan por primera vez, o sienten cierto desconcierto ante lo diáfano de sus espacios y perspectivas. Y ahí precisamente, reside parte de la buena acogida del saloncito que hemos montado con motivo de nuestra segunda acción artístico-bibliotecaria#2.



 
El disponer de un espacio doméstico, acogedor, anacrónico, que invita a la lectura, a la concentración. Según los diez mandamientos para bibliotecas del arquitecto Faulkner-Brown, en séptimo lugar se indicaba que fuera confortable. Y eso es precisamente lo que provoca el salón vintage: sentirse como en casa de los padres o abuelos (según la edad de cada uno), al abrigo del mundo y de la frialdad digital que todo lo inunda.

La impresionante Alhóndiga Bilbao

El diseño de interiores de la Mediateka del fantástico complejo cultural bilbaíno de la Alhóndiga, sería el contraste arquitectónico perfecto para nuestra biblioteca. Frente a la luminosidad mediterránea de nuestro edificio; la espectacularidad que la Alhóndiga plantea en su patio central, se transforma en recogimiento e iluminación matizada, una vez accedes a los espacios interiores de la Mediateka. Dos opciones complementarias y deseables: la grandeza del templo, y la intimidad de la capilla.

Por eso, en este post volcado al diseño de interiores, nos vamos a recrear con rincones cual revista de decoración. En Ikea lo saben bien: no hay cómo recrear un hogar, para que dé ganas de habitarlo. Y a eso incitan estos rincones, a ocuparlos, a resguardarnos en ellos; aún más en estos tiempos inciertos, en los que la lectura nos refugia y reconforta más que nunca.




miércoles, 30 de agosto de 2017

Souvenirs BRMU presenta: Queremos ser surcoreanos (28-01-2014)



Una vez que han jubilado al calvo de la lotería, y que las burbujas de un conocido cava lucen con menos estrellas que antaño; llevamos tres navidades en las que la campaña publicitaria que más da que hablar: es la de una conocida marca de embutidos. El anuncio de la última navidad, no es que haya sido mejor que los demás (todos han estado a gran altura), pero sí que ha despertado un debate de lo más interesante.

Escultura de la Biblioteca Nacional para Niños y
Jóvenes adultos de Corea del Sur
Los avezados publicistas han sabido tocar la fibra sensible, pegando la campaña a la actualidad más rabiosa con: Hazte extranjero. Para unos, una emocionante forma de insuflarnos optimismo, y reivindicar lo que de positivo hay en el hecho de haber nacido donde hemos nacido; y para otros, una loa al conformismo, a la resignación de que, pese a todo, tenemos con qué consolarnos. Y tan comprensible es que se te escape la lagrimita con el anuncio, como que al mismo tiempo, critiques lo que pueda tener de conformista. Pero si hablamos de bibliotecas, nosotros lo tenemos claro: nosotros queremos ser surcoreanos.

Proyecto a competición para la construcción de la Biblioteca Pública
de la ciudad surcoreana de Daegu

No es que nos hayamos vueltos locos por el k-pop, ni por las telenovelas surcoreanas que tanto éxito tienen, es que el gobierno de aquel país ha decidido potenciar su sistema público de bibliotecas del 2014 al 2018. De las 828 actuales pasarán a 1.100 bibliotecas, y para ello, incrementará la plantilla de bibliotecarios, que pasarán de los 4.2 actuales, a los 6 profesionales por centro. Las autoridades lo tienen claro: las bibliotecas son progreso.

Todo ello en un país con una pujanza económica que lo convierten en una de las potencias mundiales para los próximos años; y en el que la presencia de la lectura digital, ha cobrado más fuerza al sustituir los libros impresos por digitales, en los centros educativos.


Otros proyectos presentados para la construcción de la Biblioteca de Daegu

Y como no hay dos sin tres, si a esto unimos una de las conclusiones que se extraen del estudio de Fesabid sobre el valor económico y social de las bibliotecas, no podemos más que reafirmarnos en lo que decíamos de que las bibliotecas son una inversión más segura que el oro. Según dicho estudio, por cada euro que se invierte en bibliotecas, se produce un retorno de la inversión a la sociedad, que se calcula entre 2,49 a 3,40 euros.


Dibujo de Salva Espín del cómic Control de daños.  Titulo muy apropiado para
describir la situación tras estos años de crisis


Dicho estudio también demuestra el impacto positivo que implica la cercanía de una biblioteca, para la vida comercial del barrio. Y podemos dar fe de ello. Hace tan sólo unas semanas que se ha abierto una tienda dedicada al cómic, juegos de rol, y otras aficiones varias. Sus responsables (uno de ellos, el internacional dibujante murciano, Salva Espín), nos comentaban que les desaconsejaban abrir un negocio de cómics cerca de la Biblioteca Regional, con la Comicteca con la que contamos. Pero en lugar de competencia, ellos vieron oportunidad: por las buenas sinergias que se podían establecer, y que nos beneficiarían mutuamente. Eso se llama inteligencia empresarial, y por el momento, cada vez les va mejor.


Puede que prediquemos en el desierto, pero al menos el sermón viene avalado con datos de lo más prácticos y contundentes. En el paisaje que ha quedado tras la explosión de tantas burbujas económicas, y que tan certeramente está retratando Rafael Chirbes en novelas como Crematorio, o con la extraordinaria En la orilla (el más potente retrato que de nuestra sociedad se ha hecho en las letras españolas en años): las bibliotecas estamos afectados como todas las instituciones, pero desde luego no hemos perdido ni un ápice de credibilidad como espacios útiles a la comunidad. Sólo hace falta que a quienes corresponda, les llegue el mensaje.

Como dice la simpar Chus Lampreave en el anuncio del que hablábamos al principio: uno puede irse, pero no hacerse. Nosotros no queremos irnos, queremos quedarnos, pero hacernos aquí mismo surcoreanos, al menos en lo tocante al apoyo a las bibliotecas como motores del desarrollo económico de nuestro país. En el resto, que no se pierdan momentos tan autóctonos como este fragmento de genialidad almodovariana:


lunes, 21 de agosto de 2017

Souvenirs BRMU presenta: No en mi nombre (28-10-2014)


Cada vez más, lo difícil no es levantar la voz para protestar contra algo que nos repugna, lo realmente trabajoso es evitar que nos secuestren la voz y nos incluyan en esas mayorías silenciosas que tanto bien hacen al poder. Lo difícil es exigir que lo algunos vociferan nunca sea en nuestro nombre, que el que calla, no siempre otorga; y por eso llegado un punto, lo más importante es alzar la voz para evitar cualquier posible confusión.

Es lo que han hecho unas cuantas voces valientes en el reportaje de este fin de semana en el XLSemanal que se distribuye con muchos periódicos de toda España. Siete musulmanes que viven en España, alzan sus voces para que nadie se confunda. En tiempos proclives a la simplificación, a la demonización del otro, a la falta de matices en las confrontaciones de todo tipo, el que Rachid, Ferdaos, Zinar, Riay, Vian, Kenza, o Souhail declaren bien alto (en el XLSemanal, y muchos otros, a través de twitter con el hashtag #NoinMyName, No en mi nombre) que la barbarie, la locura del Estado Islámico que recupera lo más tenebroso del medioevo en el pleno siglo XXI secuestrando el Islam, no tiene nada que ver con ellos.

Nuestro compañero Rachid lo dice alto y claro


Rachid junto a nuestra ex-compañera
Nazaret, representando una pareja
para la Brújula para tebeos



Y aparte de lo necesario y esperanzador del reportaje, en concreto nuestra biblioteca tiene un motivo añadido para sentirse orgullosa. Nuestro compañero Rachid Mohyi es una de las voces más claras respecto a la infamia del fanatismo que una vez más corre el riesgo de estigmatizar a esa mayoría silenciosa de musulmanes, que a lo largo del planeta, abominan de esta barbarie.

Siete años lleva Rachid en nuestra biblioteca, siete años siendo ejemplo de lo fácil que es convivir y enriquecernos mutuamente sea cual sea nuestro origen.

En la novela Taxi, un auténtico éxito en el mundo musulmán que estuvo en nuestro recién clausurado Salón de belleza africano; las conversaciones del protagonista con los conductores de los taxis que va tomando para desplazarse por El Cairo, sirven de retrato social inmediato de muchas de las frustraciones, anhelos, miedos, deseos y problemas del mundo árabe. Su autor, Halid Hamisi, consiguió tomar el pulso a la realidad diaria del árabe medio, lejos de iluminados, y profetas de un nuevo régimen del terror.

Lo cotidiano siempre resultará la mejor vacuna contra el estereotipo que los integrantes de este Estado Islámico, junto con la connivencia sensacionalista de algunos occidentales quieren vendernos del Islam en su conjunto.

Por eso, grupos como el libanés Masrou’ Leila, consiguen traspasar con la belleza de su música mucho más allá, lanzando un mensaje de libertad y normalidad. Nosotros también tomamos ese taxi, viajando sin miedo camino del mejor refugio contra el fanatismo: una biblioteca. Como reza la letra de la canción: “puedes conducir o ser conducido, la elección es tuya”.



lunes, 3 de julio de 2017

Souvernirs BRMU presenta: La bibliohamaca y el chapuzón (21-07-2015)



Como cada julio, nuestro bibliobúses han iniciado su campaña de verano. Los verdaderos pioneros en eso de la BibliOkupación de espacios urbanos, ya están recorriendo playas, y prestando a diestro y siniestro a pie de chiringuito.

Que las bibliotecas no son de fiar no lo vamos a descubrir aquí, aprovechamos la relajación estival y la atención despistada de la población mientras disfruta sus vacaciones, para intentar meterles la cultura de las formas más sibilinas. Si hay un hábito irrefrenable en cualquiera que esté de vacaciones, sea en la playa, en el campo o en la montaña: es la de tumbarse a la bartola. La imagen por antonomasia para representar las vacaciones: es la de una hamaca. Y en Francia, dos estudiantes de diseño en Artes decorativas en París, han desarrollado el no va más en esto de inducir a la lectura en vacaciones: la Bibliohamaca (traducción más que libre que hemos hecho de su nombre original).


No hay más que ver  las fotos para entender en qué consiste el invento. Amandine Lagut junto con su compañera Charlotte Thon, consiguieron fabricar su prototipo gracias a una campaña de crowfunding. El verdadero diseño primigenio de Lagut y Thon, es la Cheminambule, y consiste en un puesto ambulante que se desplaza a pedales,  y con el que, en un momento, se puede montar un agradable merendero para barbacoas o parrilladas, en cualquier plaza o espacio urbano. Pero la adaptación que más nos gusta de esta idea es la Bibliambule; en vez de un puesto de venta de comidas ambulante, una biblioteca ambulante que al abrirse despliega un total de 7 hamacas en las que tumbarse relajadamente a leer.



El invento ha tenido tal acogida, que algunas ciudades ya están encargando su Bibliambule, como prolongación de sus servicios de lectura. Como explican sus artífices, era una manera de hacer llegar la lectura de una forma divertida y ágil a poblaciones que en muchas ocasiones no son muy dadas a leer.

En Murcia con las temperaturas que gozamos la mayor parte del año (excluyendo el abrasador verano), la BRMU debería plantearse sumar a su flotilla de bibliobúses, unos cuantas Bibliohamacas. Los bibliotecarios conseguiríamos unas piernas estupendas para lucir en bañador; y nuestras plazas y calles estarían de lo más divertidas y lectoras.




Tipos de bibliotecas móviles hay muchos, y de los más peregrinos (Biblioburros en Colombia, Bibliodromedarios en Mongolia, las Biciclotecas en Brasil, los Biblioisocarros en la India, etc…), pero para completar la hamaca con el chapuzón posterior, optamos por la Biblioteca flotante de Minnesota (Estados Unidos). Con horarios establecidos y préstamo de libros, en mitad del lago Silver, es posible acercarse en kayak, canoas, patines o barcas, hasta la refrescante Biblioteca flotante. Como bien especifica en su normativa: se puede ir nadando hasta la Biblioteca, pero no se aconseja por las corrientes del lago, y porque una vez allí, no se dejará subir a los nadadores. Pese a ello, si algún valiente se atreve, no hay problema: los libros llevan fundas impermeables.

Queda claro tras revisar tales inventos, que por tierra, mar o aire, las bibliotecas no cejan en su empeño por fomentar la cultura. Así pues, mezámonos relajados en la hamaca al rico son de un cálido tema, por ejemplo de Caloncho, y disfrutemos mientras tanto de una buena lectura.


lunes, 26 de junio de 2017

Souvenirs BRMU presenta: ¿Es la BRMU una biblioteca gay friendly? (02-07-2015)

El logo de la BRMU con los colores del Orgullo gay, gracias a la aplicación
 con la que Facebook permite mostrar el apoyo al colectivo LGBT


Nos incomoda, como a muchos, el uso de extranjerismos gratuitos. Pero también es cierto que determinados anglicismos han calado tanto a la hora de describir ciertos conceptos, que en ocasiones resultan muy útiles.

Por ejemplo, ese gay friendly sobre el que interrogamos en el título de este post: que no viene a ser otra cosa que la manera que se tiene para calificar a lugares, personas, políticas o instituciones que están a favor del reconocimiento de los derechos del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Si la BRMU es o no gay friendly, en cualquier caso debería ser respondido quizás por la asociación No te prives, que en nuestra Región representa al colectivo.

Y no sería ninguna cuestión superflua, si aprovechando que estamos en la semana del Orgullo gay, repasamos lo importante que las bibliotecas han sido para el colectivo a la hora de alcanzar la deseada normalización en las sociedades occidentales.

"Abraza a un homosexual", pionera iniciativa del colectivo LGBT

Nada menos que en 1971, la activista por los derechos de los gays Barbara Gittings, organizó la campaña Abraza a un homosexual (Hug a homosexual) en la convención de la ALA (Asociación de Bibliotecas Americanas) como una manera de dar visibilidad al colectivo, y reivindicar la importancia de su presencia en las bibliotecas. Con el consiguiente escándalo para muchos conservadores del sector.

Ya hablábamos en Donaciones interesadas, de cómo las asociaciones gays de Canadá efectúan grandes donaciones de fondos a las bibliotecas de su país, como una forma de sensibilizar a la ciudadanía sobre el respeto hacia sus derechos. Ese reconocimiento hacia el papel y la importancia que las bibliotecas públicas tenemos para ayudar en la concienciación sobre determinados asuntos; deja claro que los activistas del colectivo sí que han sido siempre libraries friendly.

La portada de la polémica
Pero volviendo a los Estados Unidos, todavía en 1992, una simple portada en la revista American libraries (Bibliotecas americanas) en la que aparecía una fotografía reivindicativa del colectivo, despertó tanto aplausos como críticas, por aquellos que sostenían que las bibliotecas estaban glorificando la homosexualidad.

Desde entonces, afortunadamente, se han dado muchos progresos. Ya en los ochenta (en plena irrupción del VIH) nació un tesauro para estandarizar terminología propia del colectivo, y así lograr encabezamientos "más amables" en las catalogaciones de la Biblioteca del Congreso. Hasta llegar a la Comisión del Arco Iris creada en 2010, para la elaboración de bibliografía recomendada a bibliotecas.

Global gay: cómo la revolución gay
está cambiando el mundo
Y es que está claro que cualquier colectivo que aspire a legitimar sus derechos, debe partir de un corpus teórico que le provea de argumentos. Así que un buen baremo a la hora de medir lo gay friendly o no que es una biblioteca, consiste en echar un vistazo a su catálogo.

En la Biblioteca Regional, si rastreamos en nuestros fondos, encontraremos desde obras que abordan la homosexualidad desde la sociología, la religión, la perspectiva histórica, el arte, la medicina, la psicología, la filosofía o incluso la música.

Y si indagamos por el lado de la teorías de género o las políticas queer (políticas marica o bollera: el colectivo gay ha sido maestro a la hora de invalidar al enemigo a través de la apropiación del lenguaje), contamos con los títulos más significativos de autoras como Beatriz Preciado, Judith Butler, Camille Paglia o Itziar Ziga, por mencionar sólo algunos nombres.



Pero por supuesto hay muchísimo más. Las películas, los cómics, la narrativa, hacen que el número de obras que abordan la cuestión de una manera u otra; requerirían de una búsqueda casi estantería por estantería.

Incluyendo por supuesto, libros infantiles. Títulos como Paula tiene dos mamás, Las cosas que le gustan a Fran, o el tristemente célebre Tres con Tango. Y no decimos que sea tristemente famoso porque su historia sea triste, todo lo contrario: sino por el gran número de censuras que lleva acumuladas en muchas bibliotecas.


La última, en las bibliotecas de Singapur, donde junto con otros títulos infantiles que buscan explicar a los más pequeños una realidad con la que tendrán que convivir: las autoridades han decidido destruir todos los ejemplares de la tierna historia de cómo dos pingüinos machos crían a un polluelo.

Por eso, pese a que en todos los Estados Unidos ya sea legal el matrimonio gay (algo de lo que nos podemos sentir orgullosos en nuestro país), a que el Papa Francisco haya abogado por el respeto desde la Iglesia, o a que en un país tan tradicionalista como México, se haya legalizado también la unión entre personas del mismo sexo. Mientras se siga persiguiendo y discriminando en cualquier rincón del planeta a un colectivo: las bibliotecas debemos estar presentes.

Y para poner algo de música a esta panorámica apresurada sobre la relación bibliotecas-colectivo LGBT, no necesitamos subirnos a ninguna carroza. Nada mejor que cerrar con el bellísimo tema de John Grant, Glacier. Su vídeo es el resumen perfecto de ese largo recorrido que se lleva librando desde hace décadas por algo tan básico, como es el respeto a la opción sexual de cada uno: